Una mujer “recontra chamba” – Pulse para leer

CPC Sergio Luna Montero
Innovarum: Capacitación Empresarial

Les voy a contar la historia de Luz. Ella se enamoro muy joven, tuvo dos hijos con su pareja. Por cosas de la vida, él la abandona y ella se encarga de mantener a sus dos pequeños retoños. Cuenta que con su mamá iba muy temprano en la mañana al mercado a vender verduras. Regresaban por la noche a su casa, muy cansadas de la intensa labor.

Sus hijos crecen y lógicamente las obligaciones; ya no les puede comprar lo que ella quiera y ellos ya piden: zapatillas y ropa de marca, relojes, viajes, etc. Todo un cambio en su vida.

Una situación a tomar en cuenta, fue cuando sus dos hijos ingresan a una universidad particular. Ahí las pensiones como las movilidades, copias y demás, le “salieron un ojo de la cara”. Pues si trabajaba muy duro en el mercado por la mañana, pues con esta nueva responsabilidad, la cosa debería cambiar, se debería trabajar mucho más.

Después de salir del mercado, encuentra en primer lugar un trabajo a part-time, el de “vender joyas”, salía del mercado y a las seis de la tarde, visitaba empresas donde ofrecía estas joyas. Nunca dejaba de llevar una libreta, en la cual apuntaba lo del mercado y lo de las joyas.

Posteriormente encontró otro trabajo, el cual consistía en ir a las casas de chicos que estuvieran en edad universitaria. Ella iba, los inscribía para que vayan a la universidad a estudiar. ¿Cómo lo hacia?. Pues fácil, ella me cuenta que trabajaba por manzanas, iba a las tiendas de la misma y les decía a la dueña si conocía a jóvenes en edad universitaria. Ella decía que era “asesora de bienestar de la universidad”, primero hablaba con los chicos, para luego hablar con los padres. Ellos tomaban la decisión de que sus hijos se matriculen.

La motivación de ella, era que sus hijos no tuvieran ningún tipo de contra tiempo en cuanto al pago de sus pensiones. Pues los cinco años de estudios, sus hijos no estuvieron “en la lista negra” por falta de pago.

Deja el trabajo en la universidad para dedicarse a una actividad “sin querer queriendo”. Una vez estuvo paso por un hospital y un señor le pregunto si conocía una funeraria que le hiciera el velorio para un familiar. A ella se le prendió “el foquito”, muy suelta de huesos, contacto con el dueño de una funeraria para que haga el servicio, por este “dato” se gano una muy buena comisión. Ella siempre me cuenta que va a los hospitales, siempre encuentra clientes a los cuales les ofrecía este servicio.

Todo esto lo puede hacer una mujer que no le quiere fallar a sus hijos.